Sevilla, capital de Andalucía, representa el sur más intenso de Europa y es, sobre todo, una ciudad colorista y elegante. Según la leyenda fue fundada por Hércules. Denominada Hispalis bajo el Imperio Romano e Isbiliya bajo el esplendor de Al-Andalus, su mayor auge llegó tras el descubrimiento de América. Aquí se encuentran todos los estereotipos de España: toros, flamenco, procesiones religiosas, tapas, finos, arquitectura, arte y, sobre todo, una forma especial de entender la vida. Situada en la ribera del Guadalquivir, el río marca la historia y la vida de la ciudad. En el casco antiguo, situado en su margen izquierda, se encuentran los barrios más conocidos, como los de Santa Cruz, San Bartolomé, San Vicente, San Lorenzo y el Arenal. En la margen derecha se sitúa el histórico Arrabal de Triana. Sede de las exposiciones universales de 1929 y 1992, éstas dejaron su huella también en la fisonomía de la ciudad.
La Vía de la Plata
Desde época remota existe una ruta trazada entre montañas, valles y llanuras, que une el norte y el sur de España, en cuya cuenca baja del Guadalquivir floreció la primera gran cultura occidental, bajo la mítica monarquía de Tartessos, a finales de la Edad de Bronce. Debido a la gran riqueza minera, la zona adquirió gran significación como productora de metales preciosos. Cuando los romanos invaden la Península Ibérica, en el 218 a.C., otorgan gran importancia a las calzadas para abarcar la totalidad del territorio, habiendo sido la Vía de la Plata, calzada que enlaza Gijón con Sevilla a través de Astorga, León, Zamora, Salamanca y Mérida, una de las más importantes.
La Vía de la Plata fue la piedra angular, desde el siglo I hasta el siglo XIX, sobre la que se construyeron nuevos caminos y carreteras, y durante el medievo adquirió importancia con las cañadas, que la Mesta utilizaba para trasladar sus rebaños trashumantes. Por ello, la ruta Vía de la Plata es un excepcional legado histórico-artístico por el arte y la civilización que a su paso se crearon, levantando ciudades, circos, templos, acueductos, puentes, arcos y fortalezas, además de favorecer el desarrollo de una rica arquitectura tradicional, folklore, artesanía.
La ruta comienza en Sevilla, la antigua Hispalis. Desde allí, pasando por las ruinas de Itálica, antigua ciudad de la Bética Romana, la ruta nos lleva, a través de Zafra y Almendralejo, a Mérida, la llamada Roma Hispánica. Sigue rumbo a Cáceres y Plasencia.Ya en tierras de Castilla y León, la vía se adentra por Béjar y Salamanca. Siempre hacia el norte, llegaremos a Zamora y, a través de campos de cereal y lagunas, a Benavente y, desde allí, a Astorga y León. Campomanes y Pola de Lena son los primeros hitos asturianos que nos llevarán hacia Oviedo y Gijón, punto final del largo recorrido.
El río Guadalquivir, en su desembocadura en el Océano Atlántico, ha creado, entre las provincias andaluzas de Huelva y Sevilla, un conjunto de ecosistemas singulares. Merece la pena descubrir la enorme riqueza natural de una región que está a caballo entre dos continentes, con tesoros como el Parque Natural de Doñana, Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera por la UNESCO, o el Parque Natural de la Sierra Norte. Serán el marco ideal para la práctica de todo tipo de deportes al aire libre, incluidos el senderismo, los paseos a caballos o en bicicleta. Pero si el deporte que practicamos es el golf, Sevilla cuenta con cuatro excelentes campos en las inmediaciones de Sevilla.
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